
A veces resulta difícil creer que estén ahí, las aves que escudriñamos desde tierra.
Detrás de toda esa energía imponente, sorteando con sus plumas tenaces el espray de sal de ese desierto de sequedad acuosa, vasto en millas de ondaje duro y tenaz.
Un momento para dejar de contar, de identificar. Un momento para admirar tanta belleza atronadora.
Acantilados de A Frouxeira, Valdoviño
Foto Xan Rodríguez-Silvar
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